Os traemos una historia diferente, escrita por Anuska, una lectora nuestra que está escribiendo unos libros y que, usando los personajes creados por ella, le hizo mucha ilusión crear una escena en la que sus propios personajes se enfrentaran a los nefilim, ya que es una gran fan de Cassandra Clare y sus libros, y este ha sido el resultado. Anuska nos ha comentado que ya que escribió la historia solo por diversión, no le dio un final como toca, en caso que la historia os guste (agradeceríamos mucho dejarais reflejada vuestra opinión en los comentarios), va a darle un final adecuado.
¡Qué la disfrutéis!
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
-
¡A la de tres!- la voz de Dan resonó en el claro-.
¡Una! ¡Dos! ¡TRES!
Un enorme muro de llamas se alzó ante
nosotros separándonos del ejército enemigo.
Óscar y yo extendimos las manos
hacia delante para mantener las llamas avivadas y firmes. Otros dos fili teluris del fuego se colocaron en
las esquinas fortaleciendo la barrera que nos separaba de un ejército formado
por vampiros, licántropos, brujos, hadas y a los que más respeto teníamos,
cazadores de sombras. Sinceramente, nosotros no habíamos echo nada para
ganarnos tanta cantidad de enemigos, pero supongo que la aparición de una
especie que dabas por muerta no puede traer nada bueno consigo. El ejército
enemigo se había detenido al otro lado del muro de fuego justo a tiempo de no
morir quemados por las enormes llamas que nos separaban. Desde nuestra
posición, Óscar y yo podíamos hacernos una idea de cuantos seres fantásticos
nos aguardaban al otro lado. Intercambiamos una rápida mirada. En efecto. Ellos
debían de ser cerca de unos mil guerreros y nosotros… setecientos treinta y
seis, ni más ni menos.
Pero a pesar de la diferencia
numérica, nosotros teníamos bastantes más ventajas que ellos. La batalla se
llevaría a cabo en un bosque y nosotros éramos hijos de la madre naturaleza,
¿Qué más se podía pedir?
A través de las llamas que
iluminaban todo el bosque podía ver perfectamente al enorme ejército agrupado al
otro lado. Todos iban vestidos con trajes de cuero negro y armados con
distintos utensilios, desde espadas, arcos y flechas, hachas, a simplemente nada,
en el caso de los vampiros, que con sus dientes y uñas tenían más que
suficiente. Pensar en ello hizo que un escalofrío me recorriera de arriba abajo
y que los pelos de los brazos se me pusieran de punta. Las llamas se
tambalearon un poco y Óscar me miró amenazante.
(sigue leyendo después del salto) :)
Los licántropos iban atrás de todo
todavía en su forma humana, las hadas y brujos en los extremos, a excepción de
un extraño brujo de pelo puntiagudo y de colores llamativos que estaba situado al lado de un cazador de
sombras de pelo oscuro y ojos azules, colocado en primera fila. Todos los
cazadores de sombras allí presentes lucían sus delgados y afilados cuchillos
serafines en las manos y otros cuantos enganchados en sus respectivos
cinturones. Armas de repuesto, supuse.
Los minutos pasaban y el muro
seguía separándonos del ejército enemigo por lo tanto nuestro propósito se
estaba cumpliendo. Los guerreros contrarios estaban empezando a alterarse y a
impacientarse al no encontrar una forma de cruzar la barrera de fuego que se
alzaba ante ellos. Los cazadores de sombras susurraban entre ellos y el resto
de los subterráneos permanecían en su sitio descontentos. Algunos vampiros
hablaban con los hombres lobo situados más cercanos a ellos y señalaban el
muro, desconcertados.
Lo que llamó mi atención fue un muchacho rubio de probablemente mi misma
edad situado al frente del ejército que ignoraba por completo lo que sucedía a
sus espaldas. Observaba fijamente el fuego con ojos penetrantes y nos analizaba
a cada uno de nosotros disimuladamente. En su mano derecha portaba un cuchillo
serafín de gran tamaño que podría catalogarse como espada y en su mano
izquierda sostenía lo que supuse que sería esa estela que usan los cazadores de
sombras para pintarse la piel.
A su lado, una chica, también
jovencita pero de un atractivo espectacular, intentaba llamar su atención, pero
él no desviaba la mirada de nosotros.
-
Jace- dijo Isabelle por tercera vez-. Jace, Jace,
¡Jace! ¡JACE!
-
¿Qué?- respondió éste sin desviar la mirada de las
llamas y de lo que había más allá de ellas.
-
¿Qué hacemos ahora? No podemos pasar y nuestras
mascotas se están empezando a alterar- Isabelle señaló a los licántropos que
comenzaban a andar en círculos unos alrededor de otros.
-
Estoy pensando, ¿Vale?- se limitó a decir. ¿Sinceramente?
Jace estaba muy descontento. La aparición de esa nueva raza llamada fili teluris que según la leyenda eran
más antiguos que el propio ser humano y que poseían unos poderes capaces de
destruir el planeta Tierra en un abrir y cerrar de ojos, le tocaba los coj… No
le parecía nada justo que existiesen unos seres tan poderosos y que nadie los
controlara. Pero no figuraba anda de ellos en los Acuerdos ya que hasta hace
poco más de un año se catalogaban como especie extinguida. Desde luego, su
aparición causó un revuelo en el mundo fantástico que constó varias semanas
calmar. Los subterráneos los temían y la verdad, parte de los cazadores de
sombras también. Eran muy superiores a ellos pero a Jace eso no le importaba.
-
¿Y que hacemos dejando que él piense? ¡Precisamente
él!- preguntó Magnus alterado-. Ya sabemos lo lentito que es…
-
Magnus. Cállate- protestó Jace. Se dio la vuelta y con
sus enormes ojos dorados echó un rápido vistazo al enorme gentío que se
acumulaba detrás de ellos, a la espera de una señal. Simon se acercó corriendo
a junto ellos con cara de preocupación. Mientras se acercaba se retorcía dentro
de su traje de cuero que consideraba más incómodo que dormir toda una noche
sobre cuatro piedras.
-
¿Cómo diablos podéis llevar esto casi todos los días? Es
peor que llevar tanga- protestó.
-
Por favor, explícame por qué demonios sabes como es la
sensación de llevar tanga antes de que yo empiece a sacar conclusiones- dijo
Jace mirándolo con esa arrogancia que siempre lo había caracterizado.
-
Mi madre tenía…- Simon se lo pensó antes de contestar-.
Nada. Olvídalo.
-
Será mejor. Ahora vuelve con el resto de los chupa
sangres. No debéis abandonar vuestras posiciones y tu presencia me desagrada-
Se volvió hacia el fuego y continuó observándolo. “Según el mito, no es fuego
normal.”- pensó-. “Dicen que proviene de las profundidades de la mismísima
Tierra”.
-
En realidad vengo para transmitir un mensaje- comenzó
Simon.
-
Ah… por favor. Que sea leve.
-
Raphael dice que si nos has traído aquí para nada. Dice
que qué clase de nefilim sois si no
podéis atravesar una muralla de fuego- Simon retrocedió un paso temeroso de lo
que ese comentario podría ocasionar en el comportamiento de Jace.
-
¿Eso lo dice Raphael o tú?- preguntó Alec mientras se
situaba al lado de Magnus.
-
Em…
-
Vampiro, tú a callar- interrumpió Jace chasqueando los
dedos-. Y dile a tu querido líder, que si es tan valiente, no nos importaría
cenar hoy estofado al vampiro. Tengo hambre y aquí va haber para rato.
-
Se lo diré… Pero con otras palabras- Simon desapareció
abriéndose paso entre la gente.
Jace comenzó a caminar bordeando
las llamas que se extendían radiantes ante él. Sin levantar la cabeza podía
saber que miles de ojos, tanto de cazadores de sombras como de fili teluris, estaban en ese momento
clavados en él.
Caminó varias veces de izquierda
a derecha y volvió a colocarse en su sitio de nuevo cuando de repente, se
acordó de aquella runa que había dibujado Clary en uno de sus cuadernos de
dibujo que al tocarla había desprendido un frío tan intenso que le congeló
hasta el mismísimo corazón. Levantó su cuchillo y con la estela comenzó a
dibujar los trazos que recordaba vagamente. Tendría que funcionar, o no habría
otra salida.
-
Alec, deja de hacerle gestos asquerosos a Magnus y
escucha- indicó guardándose la estela en el bolsillo.
-
Se llaman caricias- explicó Magnus.
-
Últimamente se le llama a toda caricia. Seguramente si
mato a una paloma lanzando un…
-
Jace, ya- dijo Alec cortándole.
-
Bien. Alec, cuando me escapé de la jaula de la Inquisidora … ¿A que
altura salté?- preguntó Jace volviendo a fijar la mirada en las llamas.
-
Ocho metros, creo- respondió inseguro. Isabelle fijó
sus ojos en Jace, ella ya sabía perfectamente por donde iban los tiros.
-
¿A cuanto está esto?
-
Cinco, creo.
-
Creo, creo, creo- dijo Jace imitándolo-. Creer está
sobrevalorado. Esto es como matemáticas, o sí, o no.
-
Pero si tú siempre las has odiado…- protestó Alec.
-
Lo sé. Pero eso es porque me parece absurda la manera
en la que mezclan letras y números…- Jace sacudió la cabeza-. Ese no es el
caso. ¿Ves? Siempre me acabo yendo del tema. ¡Alec, por favor!
-
¡No es culpa mía!
-
Cinco metros…, perfecto - la comisura de los labios de
Jace se tornaron hacia arriba y antes de que los demás se diesen cuenta, Jace había
cogido carrerilla y en ese momento se alzaba por encima del muro de llamas.
-
Manteneos- dijo Dan con voz autoritaria paseándose
entre las filas para conseguir que se mantuviesen en orden.
-
Me aburro…- resopló Diego. Clavó su espada séfira en el suelo y se apoyó en ella
intentando buscar una postura. La verdad es que esas espadas e indumentarias de
guerra que nos habían obligado a utilizar para poder combatir con orden, eran
un auténtico estorbo. Nosotros no necesitábamos ir armados para combatir, es
más, éramos más poderosos con nuestros poderes liberados pero Dan era un
amargado y desde la llegada al campamento nos había entrenado para que
aprendiéramos a usar ese tipo de armas-. ¿Dónde están esas agradables
dependientas que te dicen, te puedo ayudar en algo y que después te sirven un
café y una revista?
-
Se llaman camareras y las revistas no se comen- repuso
Óscar lanzando otra llamarada para reavivar el fuego.
-
En serio, ¿Hemos venido aquí para esto? Si quisiera una
hoguera, la podría tener en mi casa, no aquí. En un monte putrefacto…
-
¿Algún problema, joven soldado?- Dan se situó detrás de
Diego.
-
Me encanta cuando nos llaman jóvenes soldados, sobre
todo por lo de jóvenes- me susurró Óscar. Ignoré su comentario.
-
Sí, varios para ser exactos. ¿Por donde quieres que
empiece? ¿Por la semejante chusma contra la que vamos a tener que luchar?
¿Sobre ese rubio de allí que no deja de mirarnos? ¿O sobre lo incómodo que es
estar aquí de pie?
-
¿Algún problema que no sea quejarse?- preguntó de nuevo
Dan.
-
Quejarse está dentro de mis problemas- respondió Diego.
-
Muchacho, nadie le obligó a alistarse- replicó Dan con
esa seriedad suya que tanto respecto imponía sobre nosotros…a excepción de
Diego.
-
¿Alistarse? ¿Es que esto es la mili o algo así?
Deberían haber avisado, eso no figuraba en el folleto de inscripción- Diego
volvió la mirada al frente dado por acabada la conversación y creó un pequeño
charco de agua en su mano para beber.
Dan chasqueó la lengua, puso los
ojos en blanco y se alejó hacia el grupo donde estaban Paul y los demás.
-
¡Que calor por dios!- protestó Diego de nuevo echándose
agua que el mismo fabricaba por encima del pelo-. Me está costando mucho
resistirme a apagar esa hoguerita tan bonita que estáis creando.
-
Atrévete- dijo Óscar mirándolo seriamente.
-
Hoy no hermanito. Hoy los malos son ellos- dijo
señalando al ejército enemigo-. A ti te
reservo para la semana.
Mi tocaya se acercó a nosotros
arrastrando su espada.
-
¿Qué está haciendo ese tío de allí?- dijo señalando al
chaval atractivo rubio que ahora ya no estaba en su sitio, si no que caminaba
de un lado a otro del muro, como si buscara un pequeño fallo que les permitiese
acercarse.
-
Ni a las puertas de la muerte te quitas las converse-
repuso Óscar mirando los sucios tenis de mi tocaya.
-
Son mis converse de la suerte- indicó.
-
Ah- Diego echó un rápido vistazo al grupo enemigo-. ¿Y
esos por qué van de luto?
-
No van de luto. Y realmente son más listos que
nosotros, porque el negro se camufla mejor en la noche, no como nuestros
uniformes- indiqué. Nos habían dado trajes según el poder que poseyésemos: los
del agua, traje azul; los del fuego, traje rojo; los de la flora, traje verde,
y así sucesivamente. Y el problema, no es que nos delatase en la oscuridad, si
no que además le indicaba a nuestros oponentes el poder que poseíamos.
-
No son tan listos, ya que han pasado quince minutos y
todavía no han conseguido traspasar la barrera- dijo Óscar.
-
Hermano, yo no cantaría victoria tan rápido. ¡Mira
eso!- Diego señaló el enorme grupo que se extendía delante nuestra, pero había
algo que lo había alterado por completo.
El chico de los ojos leonados
estaba en ese mismo instante suspendido en el aire en medio de un salto que le
haría caer delante de nosotros. Pasó danzando por encima de las llamas y
extendió el cuchillo serafine que
llevaba en la mano derecha golpeando una de las llamas con él que automáticamente
se congeló y con ella todas las demás. El muro de “llamas” grisáceas congeladas
no aguanto ni medio minuto. Varias grietas comenzaron a aparecer en él dejando
como resultado un muro de unos escasos cincuenta centímetros de alto.
El muchacho aterrizó a escasos
metros de mí con una elegancia que pocas veces había visto a nadie que acabara
de caer de unos seis metros de altura.
-
Eso podría haberlo echo yo- dijo la voz fría de Albert
detrás de mí.
-
¿Lo del salto?- pregunté sin desviar la mirada del
chico que agitaba su cuchillo serafine
con una rapidez impresionante.
-
No, lo de congelar las llamas.
-
Lo sé.
El chaval rubio se acercó más
andando con una chulería característica. Se detuvo a tres metros y nos fulminó
a todos con la mirada.
-
Creo que hace falta algo más que unas simples velas de
cumpleaños para detenerme- sonrió y sin previo aviso echó a correr en dirección
nuestra.
Detrás de él todos los
subterráneos y nefilim apretaban el
paso y saltaban lo que quedaba del muro con suma facilidad. En breves minutos,
todos estábamos en medio de una gran batalla.
-
Esto empieza a ponerse interesante- escuché a Diego que
en ese momento blandía su espada, delgada y azul por delante amenazando a un
licántropo.
Óscar no tuvo tiempo de cargar el
arco ya que él chaval rubio estaba encima de él. Lanzó una enorme llama que él
esquivó con suma facilidad. Me acerqué a Óscar para poder distraer al chaval y
que él tuviese tiempo de armarse.
-
¡Jace!- la muchacha morena y de ojos claros y él chaval
con las mismas características se acercaron corriendo a él. “Ah, deben de ser
hermanos”- pensé. “ Mierda Ana, no es momento para analizar el árbol
genealógico de los nefilim”. El chico
rubio les hizo una señal que yo no pude identificar y ambos nefilim marcharon en la dirección
opuesta.
Jace cargó la espada contra Óscar
que en vez de haber cargado el arco había sacado una espada corta que
desprendía llamas a su alrededor. Jace saltó en el aire y ambas espadas
chocaron cuando Óscar levantó la suya para taparse la cara. El tal Jace era
rapidísimo y sus golpes letales. Esquivaba todas y cada una de las llamaradas
de Óscar sin el mínimo esfuerzo y nunca le rozaban.
El grito de un hada al morir
quemada hizo que Jace mirara hacia otro lado y que Óscar tuviese una
oportunidad, pero en el momento exacto en el que la espada de Óscar iba a
alcanzar el costado del muchacho, el suelo tembló estrepitosamente, los árboles
crecieron de manera exagerada y las ramas más altas comenzaron a caerse,
comenzó a hacer demasiado viento, el cielo comenzó a nublarse y yo tuve que
saltar a la izquierda para que no me cayese un rayo encima. Los fili teluris habían dejado las armas y
había recurrido a usar sus poderes como habían echo toda su vida. Resultado, un
auténtico desastre.
La hierba estaba mojada y la que
no lo estaba ardía. Dan corría de un lado a otro con mi hermano detrás
alumbrando el camino y dando órdenes.
-
¡QUIETOS! ¡QUIETOS!- gritaba Dan-. ¡LAS ARMAS! ¡USAD
LAS ARMAS!
Hubo otro golpe brusco y Dan
calló de bruces.
Jace volvió a fijar su mirada en
nosotros y sonrió burlonamente.
-
Sois tan patéticos, que no sabéis ni usar vuestros
poderes- se abalanzó sobre Óscar que seguía distraído intentando sacar el pie
de un agujero que se había formado en el suelo.
El cuchillo serafín le hizo un
corte profundo en el brazo cuando Óscar lo interpuso para no salir peor parado.
Lancé una flecha que pasó
silbando junto a la mejilla de Jace. Levantó la mirada de Óscar y me fulminó de
tal manera, que un profundo abismo negro comenzó a crecer en mi interior. Sentí
miedo, pero a la misma vez fascinación.
-
¡Ana corre!- Óscar no había acabado de formular esas
palabras cuando supe perfectamente a qué se refería.
Jace había saltado por encima del
cuerpo de Óscar y en esos momentos blandía su cuchillo serafín hacía mí. Me di
la vuelta y esquivando a los fili teluris
de la flora, me adentré en lo más profundo del bosque.
Diego había decidido que estaba
arto de luchar y se había sentado en una roca grande a contemplar la batalla.
Su espada reposaba en el suelo a medio metro de él. Un hombre lobo se había
aproximado enseñándole los dientes.
-
No estoy interesado- dijo Diego ignorándolo. El hombre
lobo volvió a gruñir amenazante.
-
Que no estoy interesado- repitió. Pero el hombre lobo
insistía en plantarle cara y no dejaba de gruñir y de rasgar la tierra con sus
patas. Arto, Diego se levantó.
-
Escúchame bien saco de huesos y pelo con un cierto
aroma incluido de chucho mojado. Te estoy diciendo que no me apetece mover ni
un solo maldito hueso de mi cuerpo para dar fin a tu insignificante vida, así
que vete ahora o sabrás lo que es bucear y te advierto de que tú no tienes
branquias por lo tanto no será una experiencia que te apetezca repetir- el
hombre lobo dudó por un instante pero no abandonó su lugar y volvió a mirar
fijamente a Diego.
-
¡Oh por favor! Empiezo a dudar de que tengáis siquiera
una neurona- un enorme chorro de agua salió despedido de las manos de Diego
lanzando al animal hacia el interior del bosque con semejante potencia que fue
a estrellarse contra un árbol cuya rama inferior lo atravesó por completo.
Diego hizo ademán de limpiarse
las manos y se sentó de nuevo en su roca.
-
Una lástima. Tenía pensado adoptarlo y llamarle Toby-
dijo para sí.
-
¿Pero qué demonios estás haciendo ahí sentado?- Many se
había acercado a Diego y lo miraba como si no pudiese creer lo que sus ojos
estaban viendo. Tenía sangre en el rostro y sujetaba su espada rota con las
manos.
-
Estoy cansado- se limitó a decir.
-
¿Y crees que nosotros no? Pero no estás en casa ni has
llegado de correr una maratón. Nos estamos jugando la vida- Many lanzó un trozo
de su espada a un vampiro que se acercaba por atrás. El tiro le había salido
mal pero ajustando la presión del aire consiguió que el trozo de metal diera en
el clavo.
-
Ya pero a mí no me gusta la guerra…
-
¿Estás de broma? ¡Has intentado matarnos como unas
cinco veces!- replicó abriendo sus ojos antiguamente verdes y ahora grisáceos
de par en par.
-
Pues me he cansado de ser el malo. Llámalo como
quieras.
-
¿Una reunión de ”marujillas”?- dijo Albert situándose
al lado de Many. A diferencia de éste, Albert no mostraba ni una sola herida.
-
El que faltaba. Vete. Me caes mal y me estás amargando
el paisaje- protestó Diego frunciendo el ceño.
-
Pobre nené que no le gusta que le congele su
maravillosa agua- dijo burlonamente Albert. Justo iba a añadir algo cuando un
cazador de sombras, el mismo moreno de ojos azules que antes había estado
hablando con Jace, lo apuñalaba por la espalda… Vale, lo intentaba.
Albert se giró bruscamente y
sujetó el brazo del muchacho que comenzó a congelarse lentamente. Alec intentó
mantener la calma pero le estaba congelando las venas y sentía que su brazo
podría partirse como si de plastilina se tratase y él ni siquiera lo sentiría.
Magnus apareció a su lado y con
un destello violeta derribó a Albert que fue a chocar contra la roca de Diego.
-
Nadie toca a mi novio. Y menos ahora que hemos
reservado unos bungalows en el sur de Cuba. Ya he llamado a la agencia y dicen
que estarán encantados de que…
-
Ahora no Magnus- dijo Alec frotándose el brazo para que
recuperase su temperatura natural.
-
¡Eh tú! – dijo Diego desde detrás de Many-. Haz el
favor de irte. No me apetece luchar pero tampoco me apetece morir, ¿sabes?
-
No me parece que tu petición pueda llevarse a cabo-
esta vez lanzó un rallo verde que fue directo a estrellarse contra un bloque de
hielo que se había formado protegiendo a Diego, Albert y Many.
-
¡Será posible…!- Diego se levantó y recogió su espada
del suelo. Se quedó unos segundos mirándola y la volvió a arrojar a donde
estaba. Se remangó las mangas y flexionó las rodillas.
Magnus comenzó a lanzar una serie
de conjuros contra ese trozo de hielo que separaba a sus enemigos de él y Alec.
Esquivé un árbol que caía delante
de mí totalmente congelado. Giré a la izquierda y miré rápidamente hacia atrás.
El maldito chaval rubio continuaba siguiéndome. Lancé una llamarada hacia atrás
que le pasó por encima del hombro pero que gracias a su traje de cuero negro no
llegó a hacerle nada. Ascendí por el medio de los árboles quemando todos
aquellos que estaban cerca de mí y que caían hacia atrás taponándole el camino
a Jace. En el fondo, sabía que eso no sería suficiente.
¿Opiniones?
¡Gracias Anuska por compartirla con todos nosotros!
10 comentarios:
increíble!!!! muy interesante y es un relato fantástico
Me ha encantado; consigues alternar descripciones y dialogos y conseguir que el lector se interese en lo que esta leyendo... Genial, espero el final!
Me ha encantado..... Tienen que terminarlo y escrivir un libro, pero donde reyos est clary?
Me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa :)
Quiero saber como termina, lucha hot entre Jace y Ana? :P
Me encantó! Felicidades a la autora! Esperamos el desenlace :D
Me ha parecido muy interesante y entretenido. Es un cambio agradable leer a los nefilim desde fuera, desde la perspectiva de otra raza que los ve como extraños, es divertido :)
La narración está bien hecha; introduces a los nuevos personajes paulatinamente pero muy bien. Esto es, nadie explica qué son pero se sabe, no sé si me entiendes. La trama fluye con facilidad.
Gracias a todos los que le han leído y agradezco las críticas tanto malas como buenas ya que me ayudarán a mejorar como escritora. Sólo quería contestar a Isa que preguntaba donde está Clary. Bien, no os enfadéis pero Clary no es un personaje que me agrade mucho. Me explico. Siempre tiendo a odiar un poco a las protagonistas de libros como a Bella Swan o otras del estilo. Es más! Incluso me cae mal la protagonista (Ana) que yo misma creé! Así que no me odiéis por eso! Pero es una manía mía que no soy capaz de controlar. (Sobra decir que aún así, Clary es de las mejores protagonistas sobre las que he leído )
Gracias otra vez!!
me pareció genial, en realidad me parece genial que ahora todos/as o la mayoria de los lectores de los libros que sean quieran crear un libro. me incluyo, tengo mucha imaginacion xd.
en realidad, creo q es una historia genial, y obviamente voy a estar esperando un desenlace, y leer ese libro tambien. Creo que la forma en que se narra la historia, explicando cada accion pero sin caer en un detallismo exagerado está narrado como todo un profesional. Ademas, te adentras enseguida en la historia, porqué está muy bien narrado. Me gusta mucho mucho *-* quiero mas :D
Me encanta!!! Esta historia esta en algun blgo? porque me encantaria leerla enter!! UN BESO!! *-*
Me gusta mucho estoy de acuerdo con Anónimo2 es una lectura muy amena y me ha encantado!! Espero el final!...urgentemente! xD
1kiss!!
Publicar un comentario en la entrada